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CHULLACHAQUI
LODGE
Nuestro albergue está ubicado a 97 km.
de Iquitos a orillas del Río Tapira, navegando por el
Río Amazonas llegando en 2 horas aproximadamente y llegando
a un paraíso natural. Abierto en el año 2006 es
un albergue nuevo pero diseñado al estilo tradicional.
Su construcción de madera y materiales rústicos
hace armonía con la naturaleza. Tiene capacidad para
40 personas en habitaciones con baños privados y compartidos,
Sus pasadizos, comedor, habitaciones y demás instalaciones
están iluminadas con lamparines. Con excepción
de un Generador que se necesita para bombear agua no hay electricidad
ya que queremos que nuestros huéspedes estén en
autentico contacto con la naturaleza.
En los alrededores del albergue se organizan actividades eco-culturales
dando énfasis al turismo sostenible, incluyendo visitas
a comunidades amazónicas.
Lugar adecuado para realizar excursiones para apreciar selva
primaria, pescar pirañas, visitar y ver donde habitan
los osos perezosos, caimanes, delfines rosados, reptiles, gran
variedad de monos, aves y observar la exótica planta
acuática Victoria Regia.
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La
Leyenda que da origen a nuestro albergue:
LA
LEYENDA DEL CHULLACHAQUI
Cuenta una anciana del pueblo de Soritor, que cuando era joven
pudo ver al Chullachaqui o Shapshico, como suelen llamarle algunos.
Surcaba el río Tónchima en su canoa, en compañía
de su pequeña hija; remaba y remaba para alcanzar la orilla,
cuando de pronto, divisó a un pequeño hombrecito
parado sobre la arena, tenía un solo pie grande y el otro
tan chiquito como el de un bebé, chobón y barbudo,
vestido con harapos, de aspecto gracioso y la llamaba ansioso
con ambas manos. Al instante supo de quién se trataba,
era el Chullachaqui, un diablillo al que se encuentra por lo general
en los caminos de la chacra y toma la apariencia de un amigo o
familiar o algún animal del monte e incita a seguirlo;
hace perder en el camino a las personas y cuando las brigadas
de amigos y familiares las encontraban, estaban desnudas en medio
de zarzas y espinas, con signos de locura y tenía que ser
exorcizado para ser rescatado. Conocedora de esto, se alejó
nuevamente de la orilla, advirtiendo a su pequeña que no
lo mirase. Al llegar a su chacra no quiso contar lo ocurrido a
su marido, que estaba muy ocupado limpiando su escopeta; se disponían
a regresar y repentinamente, en el camino, frente a ellos, se
apareció un venado que se fue corriendo muy despacio a
esconderse entre los matorrales. El cazador lo siguió y
muy pronto se dio cuenta que perdió el camino, decidió
entonces no seguirlo y buscó el camino de regreso. Al poco
rato se le presentó su padre y le dijo:- Hijo, sígueme,
yo conozco el camino.- ¡No! -replicó con voz enérgica
el cazador, que ya sospechaba de quién se trataba- Dios
está conmigo, vete de aquí, yo soy hijo de Dios.
Al instante, el Chullachaqui que había tomado la apariencia
de su padre, desapareció. Felizmente no se había
alejado mucho y para poder regresar, gritó a todo pulmón
llamando a su esposa.- ¿Dónde estás? -preguntaba
él.- Aquí en el camino -decía ella. Y así
pudo llegar al camino, satisfecho por no haberle dejado al Chullachaqui
salirse con la suya.
Por: Paquita Valles Rojas
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